El "Tiburón" cumple medio siglo
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El Citroën DS, nacido en 1955, celebra este año su cincuenta cumpleaños. Su diseño aerodinámico y su innovadora tecnología revolucionaron en su momento el mundo del automóvil.

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La presentación del DS el 6 de octubre de 1955 en el Salón de París supuso todo un choc. Hasta el momento, la estética de los coches podía resumirse a dos categorías: las latas de sardinas cúbicas y los redonditos simpaticones... Cuando apareció el mítico Tiburón, la audacia de sus líneas y su tecnología de punta convulsionaron bruscamente el mundo del automóvil. Su nacimiento supuso la implantación instantánea de nuevos estándares en materia de confort y seguridad.

Esta obra maestra fue el fruto de la colaboración entre un ingeniero, André Lefebvre, y un pintor-escultor-diseñador, Flaminio Bertoni, creador del famoso Dos Caballos.

Entre sus hábiles dedos, el DS consiguió fusionar técnica y diseño como ningún otro coche lo había hecho hasta entonces. Es evidente que las formas diseñadas por Bertoni proceden de la escultura (la plasticidad del diseño salta a la vista), pero no es menos cierto que éstas obedecen a las leyes de la aerodinámica. No en vano, André Lefebvre dio sus primeros pasos trabajando para el constructor aeronáutico Bonvoisin.

Cada detalle -de la toma de aire delantera a los intermitentes traseros- fue escrupulosamente estudiado para dar a luz un vehículo que alcanzara mayor velocidad y consumiera menos que cualquier otro coche de la misma potencia. André Lefebvre también se inspiró en los aviones a la hora de concebir un capó y un techo de aluminio que se plegaran hacia arriba en caso de accidente.

En el diseño primaban ante todo la seguridad y el confort: el parabrisas aumentó de tamaño para ofrecer una visión panorámica, algo que sigue vigente 50 años después; el volante de un solo radio fue concebido para que se doblara en caso de accidente en lugar de clavarse en el pecho del conductor. Por lo que a confort se refiere, la famosa suspensión hidroneumática dotó al DS de un estándar desconocido hasta el momento. En este sistema los resortes mecánicos tradicionales se sustituyen por dos fluidos: uno líquido (aceite mineral) y otro gaseoso (el nitrógeno). El líquido, incompresible, sirve de enlace entre los órganos mecánicos de suspensión en movimiento y el gas, que actúa por su parte como resorte. El bienestar que proporcionaba este nuevo sistema se vio acrecentado por la espesa capa de moqueta que recubría el suelo y servía al mismo tiempo para filtrar los ruidos.

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El salpicadero diseñado por Bertoni fue el primero de serie compuesto por un solo bloque. Con él, el diseño entraba por vez primera en el habitáculo de un Citroën al tiempo que inauguraba una disciplina que habría de conocer un brillante porvenir, la ergonomía.

El conjunto de materiales y elementos presentes en el coche ofrecía un acabado tan conseguido que hasta Roland Barthes incluyó al DS (en francés la déesse, "la diosa") en sus Mitologías. El autor del Grado cero de la escritura habla del buque insignia de Citroën como de "un mundo de elementos yuxtapuestos en virtud únicamente de su maravillosa forma". Adiós a las rebabas y soldaduras mal acabadas que caracterizaban a los coches de antaño...

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El coche del poder y el glamour

En los instantes que siguieron a su presentación en el Salón de París el DS se convirtió en el coche del poder y de los artistas. El general De Gaulle eligió el DS probablemente por el espacio que dejaba para sus largas piernas. El Tiburón supo agradecer esta distinción: si De Gaulle pudo escapar al atentado del Petit Clamart*, fue precisamente gracias a la estabilidad del DS, irreprochable incluso con dos neumáticos reventados...

La historia de amor entre los artistas y el DS también empezó sobre ruedas. De hecho, el segundo encargo registrado en el Salón (en total hubo 12.000 sólo el primer día) fue el de la actriz Gina Lollobrigida, de la que se dice apreciaba particularmente las formas afiladas de la bestia... Más tarde, el Tiburón se dejó ver en el festival de Cannes en compañía de estrellas como Elisabeth Taylor y Orson Welles o de escritores a la moda como Françoise Sagan.

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Los directores de cine tampoco pudieron resistirse al encanto de sus líneas y sus apariciones en la gran pantalla son incontables: de La piel suave (François Truffaut, 1964) a Fantomas vuelve (André Hunebelle, 1965), del El clan de los sicilianos (Henri Verneuil, 1969) a El silencio de un hombre (Jean-Pierre Melville, 1967), de Vivement dimanche (François Truffaut, 1983) a Los rompepelotas (Bertrand Blier, 1974), en la que un Gérard Depardieu entusiasta ensalza las virtudes de la suspensión hidráulica.

El hecho de que el DS continúe su carrera cinematográfica en un film futurista como Gattaca (Andrew Nicol, 1997) prueba sobradamente el carácter intemporal de este vehículo de excepción que sigue encarnando la modernidad en el ámbito del automóvil...

* El 22 de agosto de 1962, en plena guerra de Argelia, un comando del grupo terrorista OAS disparó sobre el general de Gaulle en los alrededores de París.


Paseo en un DS 21 Pallas gris de 1969

Me hallo bajo un sol radiante al norte de París cuando Jean-Claude Lannes, conservador del patrimonio Citroën, pone a mi entera disposición un DS 21 Pallas de 1969... El DS, símbolo de la modernidad en su época, obliga a replantearse la forma actual de conducir.

Por ello, antes de lanzarme a la carretera, me dejo dar una pequeña formación: tras deslizarme en un fantástico interior en cuero, aprendo que en primer lugar hay que introducir la llave de contacto, sin girarla, para encender el coche. Luego, se arranca empujando hacia la izquierda la frágil palanca de velocidad situada detrás del volante, en el cuadro de instrumentos. Nuestro DS, cuyo cuentakilómetros sólo marca 45.000 km, comienza a desperezarse mientras las piezas hidráulicas entran en acción: el coche levanta primero la zaga, luego la parte delantera hasta colocarse en posición de crucero. Se trata de una etapa completamente indispensable si no queremos ver las entrañas de nuestro DS esparcidas por el asfalto. El manual de instrucciones, que sigue en el interior de nuestro venerable DS Pallas, hacía hincapié en el hecho y advertía encarecidamente a los propietarios de la época.


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Fuente:ViaMichelin